CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO



La Aventura Argentina 

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/ Che vos quién sos?

“La histo20 julio, 2026ria argentina puede verse como una sorprendente y original aventura colectiva. Una aventura que, como toda aventura, se sabe dónde empieza pero no dónde termina. Una aventura, por otro lado, llena de conflictos centrales y reiterados entre sus protagonistas”.

La inmigración entra en juego

La élite ladina, fiel al propósito de “civilizar” este país “bárbaro”, elaboró un proyecto político de fomento intensivo de la inmigración que tuvo tres objetivos: suplantar la población propia, ocupar un territorio “vacío” y contar con mano de obra, técnicos y profesionales que pudieran sustentar el programa de modernización deseado.

La actitud de la dirigencia argentina hacia el inmigrante, sin embargo, varió con el tiempo. Desde una postura previa e inicial de ensalzamiento del europeo inmigrante en oposición a la población nativa, hasta un posterior ensalzamiento del gaucho – ya casi desaparecido y por ende no peligroso – en desmedro del inmigrante. Al respecto Alberto Sarramone cita a Antonio Pérez Prado cuando dice “pocas veces le salió a los argentinos (se refiere a la élite ladina) nada tan bien, tan redondamente, como la empresa pobladora, tanto, que los mismos autores de la política inmigratoria terminaron por asustarse y casi lamentar su propia eficacia” (1).

De los 52.000.000 de europeos que emigraron al resto del mundo entre 1830 y 1930, el país recibió aproximadamente 6.500.000, lo que hizo que del total de su población, durante casi un siglo, un 30% fuese extranjera. Esto significó la mayor proporción de extranjeros por habitante que haya registrado país alguno en el mundo de esos años. EEUU por ejemplo, que recibió 34.000.000, alcanzó un máximo del 15% de población extranjera: la mitad.

El 90% de esta población inmigrante se radicó en la región pampeana. Principalmente en las ciudades de Buenos Aires y Rosario. En el ámbito rural los campos de la Provincia de Buenos Aires y el Litoral fueron los que más inmigrantes absorbieron. En menor medida, pero con porcentajes importantes en relación a la población nativa, las regiones de Cuyo, el Nordeste y el Sur, contaron con un alto componente de extranjeros, quedando las regiones centro y noroeste del país, como las que menor cantidad de afluencia migratoria tuvieron.

Otro encuentro de etnias diferentes

En cuanto a su recepción por el país, dice Sarramone en el libro citado: “Los inmigrantes percibían claramente que, aún siendo pobres, en la Argentina había muchos más pobres que ellos, … no se debe olvidar que la pertenencia a esta (al hecho de ser extranjero) ayudaba en el ascenso … Esto es un diferencia con Estados Unidos, donde la movilidad no existía en general para los extranjeros”. Y sigue “Para muchos inmigrantes la condición de extranjero en la zona pampeana adquiría muy pronto una posición relevante. … A cambio de excluirlos de la política grande, la condición de extranjero tenía la virtud de liberarlos de las temidas levas y acciones militares, pues solo los criollos sin mezquinar sangre, regarían con la suya una tierra que no lo era de hecho”. (2)

No sucedió lo mismo con los obreros inmigrantes radicados en Buenos Aires y concentrados en las actividades portuarias ferroviarias e industriales, ni con los arrendatarios, sujetos a condiciones de precariedad contractual y precios bajos por los dueños de la tierra. Apenas ambos comenzaron a exigir ciertas condiciones algo más humanas en el trato, en las condiciones de trabajo o arriendo y en el pago, fueron catalogados como indeseables, ignorantes y peligrosos; como antes habían sido calificados los gauchos.

Una orientación diferente se dio con la inmigración que poseía un sólido “prestigio cultural”, acompañado de recursos económicos y/o profesionales. Ellos se integraron rápidamente y en óptimas condiciones a la elite ladina. Según Nascimbene, citado por Sarramone “Los grupos migratorios de origen inglés francés y alemán … fueron muy bien vistos por las élites criollas. Traían una identidad nacional más fuerte que los vinculaba con países casi siempre más democráticos que los de la cuenca mediterránea… pero la posibilidad de que sus valores democráticos se difundieran se vio obstaculizada, tanto por su rechazo de las masas mayoritarias, como por su rápida integración a las clases altas, profundamente elitistas”(3).

Por su parte el gauchaje no rechazó a los inmigrantes. “No les preocupa de donde venimos, les da igual… nos reciben con los brazos abiertos y eso es suficiente” dice Sarramone (4).

Una nueva criollización

Respecto a las características aportadas por los inmigrantes, dice el mismo autor: “nuestros abuelos inmigrantes fueron objeto de la amable burla de criollos ricos y pobres, por sus severos hábitos de ahorro y de contracción al trabajo, frente al poco cultivo de estos valores por parte de la población nativa…”. Sin embargo, continúa diciendo: “Casi todos nuestros abuelos vinieron a estas tierras para volver más o menos pronto, una vez cumplidos ciertos objetivos, principalmente económicos … Algún encantamiento tuvo la Argentina como para que la gran mayoría … se quedaran prendados de ella” (5). Entre otras cosas, porque encontraron en la población gaucha y orillera, una serie de valores humanos sorprendentes y atractivos que provocaron su admiración.

Por otro lado, la gran movilidad social que les fue facilitada y que aprovecharon activamente, junto con el intenso efecto asimilador y homogeneizador de la escuela pública, hicieron que las aspiraciones iniciales orientadas a ser-alguien-poseyendo-objetos del inmigrante, empezaran a modificarse parcialmente. El deseo dirigido inicialmente hacia la pura apropiación de objetos para ser alguien, fue ampliándose hacia intereses de cultura y prestigio social. La típica valoración de la clase media argentina, centrada en la educación y la vivienda como signos del ser alguien, será una evolución posterior de este cambio registrado en la postura existencial inicial del inmigrante. A esto debemos agregar que ese ser alguien, se desarrolló en un medio donde había muchos otros muy distintos, de manera que la postura existencial finalmente adoptada por el inmigrante podría describirse como un ser-alguien-poseyendo-objetos–y-educación-junto-con-otros-distintos.

En líneas generales se puede decir que los inmigrantes aportaron a la sociedad criolla originaria, un refuerzo relativo a la postura de ser-alguien-poseyendo-objetos, una mayor inclinación a mirarnos y sentirnos europeos, un refuerzo de los valores del trabajo, el ahorro, la familia y la educación, una impronta anarquista significativa y una aspiración importante de democracia republicana y modernidad en general. Sin embargo, lo fundamental del fenómeno inmigratorio argentino es que, al incorporarse la inmigración masiva al país, comenzó un largo y complejo proceso de interacción, integración, asimilación y fusión entre ella y las etnias preexistentes, dando origen a un nuevo ciclo de mestizaje y criollización argentina; ciclo que determinará nuestra particular forma actual y definitiva de ser.

Lic. Carlos A. Wilkinson-ir web del autor