CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO MUJER POEMA DE LEONORA ACUŅA DE MARMOLEJO









MUJER

                                    MUJER *

                   Poeta: Leonora Acuña de Marmolejo

 

En esta tarde tibia

de otoño presentido,

de violeta y durazno

bordeando el horizonte,

mis golondrinas vuelan

al país del recuerdo.

 

Hierofante precoz,

orgulloso y audaz

querías enseñarme

tu varonil sapiencia.

 

Ensayadas caricias

de pasiones tempranas

en loco desvarío,

eran las tuyas;

de neófito, aún torpes

demandando las mías.

 

Tierra no descubierta,

tierra sin surcos.

Tierra firme

repleta de secretos,

eran mis valles

que aún dormían.

Capullos en letargo,

eran mis rosas

donde ninguna abeja había libado.

 

Todavía en el umbral borroso

entre niña y mujer,

curiosa, cautelosa,

medrosa y aprehensiva

como una arisca cierva

olfateando el peligro,

incursioné indagando

hieráticos misterios

en aquel mundo nuevo,

paradógico, extraño.

 

Luego, ingenua inquirí

pávida y abismada,

si al correr aquel velo

descubriría el secreto

de ser germen y vida

al volverme mujer.

………………………

Tu eras el misterio

mi gran interrogante,

isla desesperada

sedienta en el estío.

Ensayabas, profano

tus nuevas experiencias,

sondeando  mis umbrales

de gamuza espantada,

con tus caricias toscas, dispersas,

confusas e impacientes;

y yo, me preguntaba

ansiosa, desolada,

tímida, estupefacta,

con el alma estrujada

de niña hecha mujer,

si ese mundo era el cielo

o sólo su antesala.

………………………………….

Mis golondrinas vuelven,

y doliente yo pienso

conciliatoria, tierna

con nostalgia y piedad:
-¿Fue cruel, o fue insensato

tu amor desesperado,

que caminos inciertos

de cíngaros errantes

me hizo recorrer?

 

Pero el alma temblando

compasiva replica :

-Ese amor necio

desesperado, loco;

amor salvaje

de adolescentes núbiles;

ese amor sin malicia

amor silvestre, no calculado

desprevenido,

que espontáneo brotaba

e ingenuo pretendias

desbordara mis ríos-

¿No fue acaso el crisol

que aquilató mi ser?

¿No fue acaso hematites

que mis ansias pulió?

¿No fue acaso arquitecto

que construyó el castillo

donde duermen los sueños

de una niña-mujer?

 

La tarde está muriendo

allá al borde del monte;

yo cierro mi ventana

musitando tu nombre.

De nostalgia cansada

mis golondrinas vuelven

de su viaje sin huella.

 

Un diamante ha caído

al fondo de mi ser

burilando con fuego

la palabra ¡MUJER!

 * Del libro “Poemas en mi Red”.

   Plaza & Janes. 1992