CENTRO CULTURAL SAN FCO.SOLANOCENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO
CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO. LEON DE GRIEFF.

    LEÓN DE GREIFF POR GLORIA CEPEDA VARGAS


    LEÓN DE GREIFF
    POR Gloria Cepeda Vargas



    Mejores aires/ busca, busca el espíritu mejores aires, dice León de Greiff en el Relato de Gaspar, poema perteneciente a su Libro de Relatos. Sí poeta, mejores aires necesitamos todos.
    A pesar de los arcaísmos a que apela su ironía socarrona y a veces obstaculizando la comprensión de lo leído, los Relatos de este vikingo noctámbulo y ceñudo, son síntesis de nuestra impotencia en un país plagado de insectos carniceros.
    No lo vi nunca; sé que su estampa desmañada, fuga solitaria en la Bogotá de mediados del siglo XX, flotaba entre la niebla del altiplano y el humo de la pipa. Que a veces se entrampaba en la melancolía de esas noches de grávido silencio/ de preñado callar. Que como un nigromante, transformaba la palabra en arpegio. Música fue su canto a veces subterráneo, otras a ras del alma. La cadencia estalla de repente convocando la gracia de tu rítmico cuerpo/ gozado un día… o plañe y ríe como un Mefistófeles, henchido de esas frentes yermas/ yertas y yugadas.i
    Esta mezcla de escalador de nubes y caballero de la triste figura, corresponde a una de nuestras voces poéticas casi intocadas. Ora desuella los caminos amarillentos que zigzaguean hacia recónditos pueblucos o se confiesa con Aldebarán. Convoca mitológicas deidades bajo la noche/ cribada de estrellas o asomado a la limpieza de las cosas sencillas, tiembla en versos únicos: Muy más allá del mundo de los astros/ queda el país difuso de los sueños.
    Nacido en Medellín el 22 de julio de 1895 y fallecido en Bogotá el 11 de julio de 1976, Francisco de Asís León Bogislao de Greiff, conocido como León de Greiff, es autor, entre otros poemarios, de Álbum para Matilde, libro manuscrito dedicado a su esposa, Tergiversaciones, Prosas de Gaspar, Cuadernillos Poéticos, Variaciones alrededor de Nada y Libro de Signos, casi todos arropados por la capa de sus Mamotretos y de una novela policíaca titulada El misterio del cuarto 215 o La pasajera del hotel Granada. Leo le Gris, Gaspar de la Nuit, Matías Aldecoa, Sergio Stepansky o Ramón Antigua, son algunos de sus heterónimos más conocidos.
    Se inició en el modernismo e incursionó en el surrealismo francés hasta adquirir un estilo inconfundible. Irónico y fustigante, su vasta cultura literaria y musical le permitió licencias y transgresiones denostadas por unos y aplaudidas por otros. Fue, con el cartagenero Luis Carlos, el Tuerto López osado explorador de territorios en penumbra cuando en Colombia la poesía era una dama engalanada siempre con el mismo traje. Su oído abierto al oleaje del universo, atrapó la melodía necesaria para hacer del poema un pentagrama en desarrollo.
    Quizá el exceso musical hace a sus versos crípticos para el lector impaciente, tal vez para algunos lucen almidonados o recocidos. Eso depende del concepto, retórica o entorno que manejen el lector o el crítico. Nunca habrá al respecto una opinión unánime porque la poesía sigue siendo inabordable para las acometidas de la razón.
    Valentina Marulanda, destacada escritora manizaleña y crítica literaria y musical, prematuramente desaparecida en Caracas el 10 de octubre del 2012, escribió un extraño libro titulado Pensar la Música. Eso fue lo que hizo a su manera León de Greiff. Pensar y verter el hechizo sincopado en palabras danzantes: ¡Ésta es la selva/ de múrice y de oro!/ ¡Ésta la abierta vida innúmera! dice en el Relato de Claudio Monteflavo, desdoblando dos versos para describir, con caracteres simples, una historia de huesos efímeros y eternos.
    . Fue, con el cartagenero Luis Carlos, el Tuerto López osado explorador de territorios en penumbra cuando en Colombia la poesía era una dama engalanada siempre con el mismo traje. Su oído abierto al oleaje del universo, atrapó la melodía necesaria para hacer del poema un pentagrama en desarrollo.
    Quizá el exceso musical hace a sus versos crípticos para el lector impaciente, tal vez para algunos lucen almidonados o recocidos. Eso depende del concepto, retórica o entorno que manejen el lector o el crítico. Nunca habrá al respecto una opinión unánime porque la poesía sigue siendo inabordable para las acometidas de la razón.
    Valentina Marulanda, destacada escritora manizaleña y crítica literaria y musical, prematuramente desaparecida en Caracas el 10 de octubre del 2012, escribió un extraño libro titulado Pensar la Música. Eso fue lo que hizo a su manera León de Greiff. Pensar y verter el hechizo sincopado en palabras danzantes: ¡Ésta es la selva/ de múrice y de oro!/ ¡Ésta la abierta vida innúmera! dice en el Relato de Claudio Monteflavo, desdoblando dos versos para describir, con caracteres simples, una historia de huesos efímeros y eternos.
    En la heterogeneidad del discurso literario, la poesía es ráfaga siempre desconcertante. Lo más parecido al misterio, lo más ajeno al embudo de la crítica convencional, lo más heterodoxo en el coro poético colombiano, tan tardo en aceptar lo nuevo y tan acostumbrado a la costumbre, es la obra del poeta antioqueño. Busca el espíritu/ mejores aires, dijo batiéndose con trujamanes de feria y gansos de capitolio.
    Su eje poético es el amor vibrante en todo acorde. Amor casto o lascivo, sed de búdicos nirvanas o de lánguidos laúdes. En el recodo de todo camino/ la vida me depare el bravo amor/ y un verso libre –audaz como el azor- dijo en una de tantas confesiones lanzadas a los vientos prodigiosos.
    Su obra, poco leída y después de leída poco comprendida, surge como una de nuestras fosforescencias poéticas más originales, sin descartar que a veces la belleza del poema naufraga en el exceso de neologismos, arcaísmos o vocablos inventados por el autor.
    Dicen que concedió más importancia a la forma que al contenido. Pero sucede que en un marco monocorde y artificioso como éste, el corazón del poema, su ternura y su melancolía, se recatan muy hondo.
    siempre desconcertante. Lo más parecido al misterio, lo más ajeno al embudo de la crítica convencional, lo más heterodoxo en el coro poético colombiano, tan tardo en aceptar lo nuevo y tan acostumbrado a la costumbre, es la obra del poeta antioqueño. Busca el espíritu/ mejores aires, dijo batiéndose con trujamanes de feria y gansos de capitolio.
    Su eje poético es el amor vibrante en todo acorde. Amor casto o lascivo, sed de búdicos nirvanas o de lánguidos laúdes. En el recodo de todo camino/ la vida me depare el bravo amor/ y un verso libre –audaz como el azor- dijo en una de tantas confesiones lanzadas a los vientos prodigiosos.
    Su obra, poco leída y después de leída poco comprendida, surge como una de nuestras fosforescencias poéticas más originales, sin descartar que a veces la belleza del poema naufraga en el exceso de neologismos, arcaísmos o vocablos inventados por el autor.
    Dicen que concedió más importancia a la forma que al contenido. Pero sucede que en un marco monocorde y artificioso como éste, el corazón del poema, su ternura y su melancolía, se recatan muy hondo.
    Sigue siendo una figura solitaria. Su devoción por la ética verbal y reflexiva, su sed de belleza y su ejercicio en soledad, presentes en Admonición a los impertinentes: Como yo soy el Solitario/ como yo soy el Taciturno/ dejadme solo, lo convierten en el gran acompañado por una fantasmagoría suculenta: La música y la poesía solo para los seres de vibración sutil.
    Quienes compartieron su vida, quizá ignoraban que solo era en la Tierra debido a leyes incoercibles. Y ahí va, flotando en una nube de humo, mientras deja a lo largo de las nocturnidades callejeras, palabras para leer y recordar: Busca, busca el espíritu mejores aires/ mejores aires…
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